miércoles, 12 de setiembre de 2007

El 1984 de Aldo Mareátegui


Se que debo varios posts, el del terremoto (falta corregir y aumentar), el de las celebridades gringas (ya llega), pero ahora me pongo al día con uno que he analizado hace tiempo.
La pelea Martha Hildebrandt – Nación Quechua me ha hecho pensar nuevamente en el uso del lenguaje en la vida periodística y cotidiana. El sábado, como dije en otro post, me levanté consternado al escuchar a Aldo Mariategui, niño terrible de la prensa nacional, en Enfoque de los Sábados, programa de RPP. Como deben ya saber, Alditus odia, detesta, aborrece a la izquierda democrática peruana (pero aún así lee nuestros blogs), al punto de llamarlos “caviar”. Esto, obviamente si los izquierdista pertenecen a un grupo socio-económico determinado o son miembros o trabajadores de una ONG. Si bien yo no soy un “caviar”, sino más un “jurel” una especie de caviar misio según La Cebolla, el término en sí siempre me pareció de pésimo gusto, al punto de que me da urticaria cuando lo leo/escucho.
Como se sabe, Alditus es lector de Orwell, al igual que yo. Entonces él debe conocer la obra más importante de este autor, 1984. Esta novela maneja unos conceptos geniales, al punto que sus ideas han superado el paso de los años. Las cuestiones marcadas no sólo en Correo, así también en Expreso y La Razón, me teletransportan a Oceanía, este imperio en donde vive Winston Smith, protagonista de la novela en cuestión.
El odio que germinan y expresan estos medios me recuerda al aparato estatal en la novela, que entre otras cosas se dedica a perseguir, castigar y torturar a los disidentes, reales o potenciales, del régimen. Así es como Aldo, que ha hecho de la provocación y el insulto solapado su modus operandi, persigue, critica y discrimina a la izquierda peruana, llegando extremos de comparación con grupos terroristas, dictadores extranjeros y políticos corruptos. De igual forma, la Policía del Pensamiento, organización orweliana, persigue, interroga y tortura a los (potenciales) rebeldes.
El mayor problema lo encuentro en que su estilo se ha propagado como un resfriado, y los mencionados Expreso y La Razón han hecho de ese estilo casi un arte, llegando al punto de desacreditar instituciones, hacer persecuciones y como no insultar a diestra y siniestra.
Pero desde un punto de vista semántico, puedo decir que la cuestión “caviar” me recuerda mucho a una palabra en neolengua, idioma oficial de Oceanía que buscaba reducir palabras y eliminar las contradicciones naturales del lenguaje. Esta palabra es crimental, y se refiere al los pensamientos que puede tener un individuo en contra del Gran Hermano, líder omnipresente pero desconocido de Oceanía.
Una persona autora del crimental era inmediatamente detenido, torturado y obligado a rehabilitarse y amar al Gran Hermano. De la misma forma, para los ojos de Aldo y sus secuaces, un “caviar” no tiene peso mediático, no es digno de confiar y finalmente debería ser excluido de la vida política; atacado y minimizado. De inmediato, un “caviar” es relacionado con figuras de la talla de Osama Bin Laden, Hugo Chávez, Fidel Castro y Abimael Guzmán. Sea cierto esto o no, me recuerda a la triste célebre Habitación 101, cuarto de torturas del Ministerio del Amor, en donde Smith fue obligado a confesar que trabajaba para la Hermandad, organización clandestina dirigida por Goldstein, que trataba de derrocar al Gran Hermano. Por más que Smith se enamoró de Julia, e hizo todos sus crímenes en nombre del amor, tan fuerte que lo condenó a rebelarse; no importa si un “caviar” esté trabajando en una ONG que ayude a miles de personas, trate de ganarse un lugar dentro de la política nacional o simplemente tenga una opinión pública diferente a la línea editorial de estos diarios; un “caviar” debe ser condenado sin demora.
Si bien Correo, La Razón y Expreso no tienen sus (aparentes) intereses definidos o claros, es fácil deducir cuales son sus odios y rencores. Las secciones de chisme político fungen de versiones en prensa de Los 2 minutos de Odio, actividad destinada a liberar la furia y la energía acumulada en la novela contra los enemigos de Oceanía. Sus portadas, tan llenas de esta jerga recalcitrante que cultivan, parecen que, al mismo estilo de They Live de John Carpenter, llevan un mensaje oculto de odio a la izquierda. Las palabras parecen versiones estáticas de una telepantalla; “Caviar, te estamos vigilando todo el tiempo”.
Si bien no me desagrada una prensa de derecha – es de todas formas necesaria – la falta de nivel de estos medios me hace extrañar a alguien como Igartua o Beltrán, que a pesar de tener cierto miedos y rencores nunca bajaban el nivel de los argumentos. Como bien dice Pepitas, Alditus y sus columnistas representan la carencia mental y argumentativa de una derecha oligárquica que al igual que la izquierda ultramarxista se han quedado estancados en el tiempo, sin entender que este país ha pasado por muchas cosas. Siguen muchas veces con el mismo discurso racista, ignorando la influencia de las migraciones de los últimos 25 años; siendo extremadamente localistas, a pesar que estamos en un proceso de descentralización; e incluso avalando a personas como Fujimori, que para muchas personas (como los Winter y los Wolfenson, dueños de La Razón) que se hacen la vista gorda de todos sus crímenes, incluso hasta el punto de ser cómplices en ellos.
Finalmente, yo me pregunto que pasaría si le diéramos el poder a estos individuos. La verdad no lo se, porque simplemente no puedo imaginar que tipo de anti-utopía vamos a tener.

5 comentarios:

Reaño dijo...

Bueno, yo soy langosta... con un buen Chardonnay...

Nicolás Bello dijo...

Yo creo que en ese caso sería un cevichito con harta concha. Oye, por cierto, hoy estuve en el planton en Dintilhac. Un pata me dijo que "para punto.edu la PUCP es Harvard" y pensé en tu post... se me ocurrió algo así como "Una PUCP feliz" (tipo el libro de huxley)

Polietileno dijo...

ya pues, deberiamos hacerlo... pero hace ya más de 6 años que vengo yo diciendo eso... pero sigue siendo mejor que otros lugares.

Anónimo dijo...

Yo pensaba un "1984" pero con La Republica y sus comentaristas jocosos como Champadonico y su defensa a Bolivia, a la izquierda con un pensamiento absolutista con los DDHH y que aun no saben que perdieron la guerra porque el libre mercado gano.

EL ADVERSARIO

Carlos Leon dijo...

CONCHATUMADRE ! ! ! !





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